
Cuando vas a una ciudad que no conoces y eres vegetariana un chino te puede sacar de un apuro, sobretodo en España, donde los platos de casi todas las cartas llevan algo de carne. Algo que no nos pasó en Girona, donde fue bastante fácil encontrar qué comer en sitios bastante normales.
Pero igualmente me apetecía comer ligero y asiático, y también barato, así que fuimos al Gran Muralla. La carta de menú era muy variada, y daba para elegir, incluso para mí. Empecé con una ensalada japonesa, con wakame, mejor aliñada de lo que esperaba. De segundo shop suey de verduras y, para acompañar, arroz blanco. Algo que hacen muchos restaurantes chinos es ofrecer un tercer plato de arroz o pasta, que suele ser tres delicias o tallarines con pollo.
En realidad, y si os fijáis en que los segundo llevan salsa, suele ser mas interesante pedir arroz blanco y mezclarlo. De hecho, es como lo comernellos: una base de arroz o tallarines, sin nada, y después varios platos en porciones para ir picando.
El arroz dice mucho de un restaurante japonés, pero también de uno chino, y esta vez no estaba apelmazado, ni reseco, ni recalentado.



Algunos de los platos del menú omnívoro





