La primera vez que vi un cupcake fue en Londres, en uno de los almacenes mas famosos del mundo: Harrod’s. En realidad, el nombre que leí fue fairycake, pastelito de hada. Me empecé a fijar y en muchas tiendas de comida los tenían, aunque también los llamaban cupcakes, pasteles que caben en una taza. Una forma de poder comer un trozo de pastel en versión individual y monísima. Mi primer fairycake me lo comí en una tiendecita de Portobello Road mientras paseaba por el mercadillo. Era un lugar para tomarse un té, aunque también hacían expressos, y casi todo lo que tenían de repostería eran cupcakes. Imposible sentarse, pero no me importó.
De esto hace ya muchos años. Cuando los empecé a ver por Barcelona me alegré, pero entre mis idas y venidas con el veganismo y mis problemas de peso, prácticamente no he comido otros que no sean de Lujuría Vegana. Lo mismo que me va a pasar con los macarons.
Por algún motivo, que no alcanzo a comprender, los cupcakes, los muffins y también los macarons, aunque sean de la época de Maria Antonieta y muy franceses, son objeto de odio por parte de mucha gente. Gente que hace grupos de Facebook, que twittea sobre ellos, que si le dices que vas a hacer muffins se enfada porque al fin y al cabo “no son mas que madalenas venidas a mas”.
Creo que a nadie le han obligado a comerse un cupcake o un macaron en contra de su voluntad. Tampoco han desaparecido los bocadillos de jamón, ni los croissants de mantequilla, ni los de jamón y queso. Todavía podemos comprar ensaimadas y palmeras. España en general es un mercado muy duro para introducir nuevos gustos o tendencias de alimentación. Tenemos pocos sabores de refrescos igual que muy pocos tipos de bollería, pero la gente se indigna porque ahora se pueden comprar cupcakes en casi todas partes.
Si no te gusta su forma, su sabor o su precio, no tienes que comprar. Lo mismo que con las bloggers de moda: si no te gusta como escriben, que fotos hacen o de que hablan, no tienes que que visitar su blog. No te afecta para nada en tu vida diaria, puedes dejarlas al margen.
Igual que los cupcakes, pueden dejar de ponerse de moda mañana. Como los macarons, llevan mucho mas tiempo ahí de lo que la mayoría de gente se imagina, solo que ahora han cogido notoriedad mundial. Igual al final son como el buen croissant y en realidad están aquí para quedarse.
Es tan solo una cuestión de gustos.


























