Archivos para ‘Ego’

3 agosto, 2012

Aunque la cantidad de gente intolerante a la lactosa empieza a ser alarmante, la gente sigue bebiendo leche a todas horas y consumiendo lácteos como si no hubiera mañana. Muchas personas no serían intolerantes si se dejasen atrás ciertas mentiras que se canturrean como mantras desde que somos pequeños: la leche es buena, los lácteos son la mejor fuente de calcio.

Pero a pesar de que cada vez hay mas gente que no consume leche de vaca, y que los intolerantes a la lactosa con mas, que te pongan un café con leche que no sea de vaca es misión imposible. Al final tenemos que recurrir a cadenas bastante caras, o a lugares céntricos, normalmente con leche de soja como única opción. Y mi economía no está para andar haciendo cafés en el Starbucks cada dos por tres, así que estaría bien tener mas opciones cerca de casa y a un precio razonable.

Y es que si ya es un drama no saber que va a pasar de un mes a otro, si vas a cobrar la prestación del paro o no, si vas a encontrar trabajar, tampoco puedes tomarte un café con leche sin dejarte un riñón.

 

19 julio, 2012

El hombre que empujaba el carro

La crisis ha aumentado su número, pero hace mucho tiempo que están en las calles: personas que empujan carros de la compra, carros de supermercado, carros de cualquier tipo llenos de basura. Basura rentable, sobretodo metales, que es lo que está mejor pagado. Aunque ahora podemos ver a amas de casa, abuelos y jubilados y gente de todas las edades y nacionalidades, hubo un tiempo en que los hombres de los carros eran masculinos y estaban segredados en barrios determinados.

Para mi se hicieron visibles en Poblenou. Mi independencia monetaria y vital nació en este “barrio” barcelonés que es mas parecido a un pueblo que a una gran ciudad, a pesar del 22@. La rambla, la proximidad de la playa y el cementerio, los vecinos de toda la vida que te enseñan su casa para poder meterse en la tuya y las cajeras que se aprenden tu nombre antes de que te des cuenta se convirtieron en mi día a día. Pero también lo fueron los solares, los mini campamentos de sin techo o las naves llenas de inmigrantes. Los hombres de los carros eran casi todos senegaleses y vivían en la misma nave abandonada y medio quemada. Al menos, los que urgaban en las basuras de las calles por las que yo me movía. Contenedores muy valiosos porque es una zona con mas industria que viviendas, y la mayoría de empresas prefieren aún hoy tirar su basura industrial a los contenedores normales que pagar por llevarla a reciclar.

No sé si os habéis fijado mucho en ellos, la mayoría de la gente no mira a los pobres, mas bien evita mirarlos. Suelen llevar una palo con un pincho, o un gancho, para poder remover bien y coger lo que quieren. Los contenedores son traicioneros y si te metes dentro por ti mismo no sales, además están sucios, aunque no mas que el pomo de una puerta de baño público.

Un hombre senegalés que empujaba un carro del Mercadona y llevaba un palo con un gancho me salvó de unas de las situaciones mas estúpidas que he vivido en toda mi vida. Me levantaba media hora antes de salir a trabajar, así que iba con bastante prisa. Muchas veces bajaba las escaleras a la calle con el casco puesto, abría el maletero de la moto y metía el bolso y la comida, y me iba a tirar la basura. El bolso con las llaves de casa, el dinero, la T10 y el DNI, entre otras cosas. Entonces cruzaba la calle y tiraba la basura. Ese día llevaba el casco en una mano, el móvil en un bolsillo y en la mano derecha, las llaves de la moto y la basura.

No era la primera vez, tengo que reconocerlo. Las llaves de la moto, que encerraban en sus tripas el bolso y el resto de mis cosas, ya habían volado a la basura junto a la bolsa en otra ocasión. Pero aquella vez el contenedor estaba vacío, hasta que llegó mi bolsa de la basura y el tintineo de mis llaves.

De repente no podía entrar en casa a coger la llave de repuesto, tampoco tenía dinero, ni identificación, ni la T10:  solo el móvil, que me sirvió para explicarle a mi jefe la situación y avisar de que iba a llegar tarde. No me podía meter en el contenedor porque no se puede abrir por dentro, no pasaba nadie por la calle y, la verdad, me daba mucha vergüenza lo que me estaba pasando.

La suerte quiso que a los cinco minutos apareciera el hombre del carro y me mirase con cara de pena. Hablando no nos podíamos entender pero el me comprendió a la primera. Se acercó al contenedor y con dos movimientos rápidos sacó mis llaves. Le di las gracias con la cara roja de vergüenza, como lo hubiera hecho de tener seis años y un adulto me hubiera a recuperar el globo rojo que se escapa por despistada. Crucé el paso de cebra y saqué el bolso sin saber si tenía sentido darle dinero y  cuanto; el dilema de la caridad pasó por mi cabeza pero el hombre ya se había ido. Había girado la calle tan rápidamente como yo había cruzado el paso de cebra.

Llegué al trabajo menos de diez minutos tarde. Seguía teniendo la cara roja.

17 mayo, 2012

Las bloggers de moda son como los cupcakes

La primera vez que vi un cupcake fue en Londres, en uno de los almacenes mas famosos del mundo: Harrod’s. En realidad, el nombre que leí fue fairycake, pastelito de hada. Me empecé a fijar y en muchas tiendas de comida los tenían, aunque también los llamaban cupcakes, pasteles que caben en una taza. Una forma de poder comer un trozo de pastel en versión individual y monísima. Mi primer fairycake me lo comí en una tiendecita de Portobello Road mientras paseaba por el mercadillo. Era un lugar para tomarse un té, aunque también hacían expressos, y casi todo lo que tenían de repostería eran cupcakes. Imposible sentarse, pero no me importó.

De esto hace ya muchos años. Cuando los empecé a ver por Barcelona me alegré, pero entre mis idas y venidas con el veganismo y mis problemas de peso, prácticamente no he comido otros que no sean de Lujuría Vegana. Lo mismo que me va a pasar con los macarons.

Por algún motivo, que no alcanzo a comprender, los cupcakes, los muffins y también los macarons, aunque sean de la época de Maria Antonieta y muy franceses, son objeto de odio por parte de mucha gente. Gente que hace grupos de Facebook, que twittea sobre ellos, que si le dices que vas a hacer muffins se enfada porque al fin y al cabo “no son mas que madalenas venidas a mas”.

Creo que a nadie le han obligado a comerse un cupcake o un macaron en contra de su voluntad. Tampoco han desaparecido los bocadillos de jamón, ni los croissants de mantequilla, ni los de jamón y queso. Todavía podemos comprar ensaimadas y palmeras. España en general es un mercado muy duro para introducir nuevos gustos o tendencias de alimentación. Tenemos pocos sabores de refrescos igual que muy pocos tipos de bollería, pero la gente se indigna porque ahora se pueden comprar cupcakes en casi todas partes.

Si no te gusta su forma, su sabor o su precio, no tienes que comprar. Lo mismo que con las bloggers de moda: si no te gusta como escriben, que fotos hacen o de que hablan, no tienes que que visitar su blog. No te afecta para nada en tu vida diaria, puedes dejarlas al margen.

Igual que los cupcakes, pueden dejar de ponerse de moda mañana. Como los macarons, llevan mucho mas tiempo ahí de lo que la mayoría de gente se imagina, solo que ahora han cogido notoriedad mundial. Igual al final son como el buen croissant y en realidad están aquí para quedarse.

Es tan solo una cuestión de gustos.

15 mayo, 2012

De desfile, despeinada

Esta foto nos la hizo Laia de Let me fell like a doll. Es el blog de una estudiante de moda, allí cuelga sus estilismo, cosas que le gustan, eventos a los que va. Estuvo sentada a nuestro lado en el desfile de prensa de Pronovias 2013 en el MNAC.

Le Jardin des Rêves

Pelo recién lavado y aire en Montjuic, el resultado está la vista. Mientras algunas bloggers iban vestidas y arregladas como si las hubieran invitado al desfile de la noche, otras iban de calle. Yo directamente iba muy despeinada. La camiseta de Mango era un poco de andar por casa, y me llevé una mochila Lowepro. No tenía pinta de prensa, pero tampoco de blogger.

Creo que mas bien parecía una turista que se había colado.

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14 mayo, 2012

Mi primera vez con el edamame

Hace ya algunos años, me volví un poco loca y dejé un trabajo horrible y un piso a punto de incendiarse para irme dos meses a New York City. Dos meses de descanso que no lo fueron tanto, en los que hice miles de fotos y también gasté miles de dolares. A veces cuando lo explico parezco la hija rebelde de un magnate de los negocios que se cruza el Atlántico sin tener que dar explicaciones, sabiendo que a la vuelta no va a tener problemas financieros.

Ese no fue el caso. Sin ingresos, con algunas pequeñas deudas y con una crisis que ya se había quitado el disfraz de abuelita de cuento y que en vez de un lobo era un banquero feroz, mi vida se convirtió en un auténtico infierno en el que solo podía pensar en una cosa: conseguir un trabajo.

Aunque visto en la distancia el asunto no era para tanto, volver a Barcelona sin un duro, instalarme en un piso compartido en una habitación en el que solo viví un mes y en el que lo único mío era Birkin, aterrado por un perro de marca que solo quería jugar, se volvió insostenible. En otra época no hubiese sido un gran problema, pero la nube del pesimismo no era tal nube, era una realidad de parados que crecía y yo me había mandado solita a la cola del INEM y sin indemnización posible.

Esos días, en los que no puedes salir a tomar algo ni mucho menos a cenar porque el presupuesto semanal no supera los 8 euros, son difíciles de llevar. Decir que no salir, renunciar en parte a la vida social porque se ha vuelto insostenible si se quiere comer y, además, engordar por culpa de una dieta en la que el arroz y la pasta son las notas predominantes.

Fue justo en ese momento en el que me llamó Jordi. Quería invitarme a cenar y a ver su piso, a que viera como le había quedado la decoración. Un par de años después me compró tres fotos, pero esa es otra historia. Fue una de las pocas veces que no me he llevado comida a una cena y que no he tenido que dar instrucciones. ¿Qué darle de comer a una vegana? Edamame y dim sum de verduras. Fue mi primera vez, al vapor, con sal Maldon, una bolsa entera de las que venden congeladas en los supermercados orientales. Y el dim sum estaba fantástico, de setas, pero su recuerdo queda enterrado por las canciones de Jordi a la guitarra.

No hay nada como Elvis para sacarme una sonrisa y ese día me volví a casa con un buen puñado de ellas.

15 abril, 2012

Lemmy, 11 meses después

Lemmy se ha convertido en uno mas de la familia, pero ha costado mucho. Tener un animal no humano en casa es siempre un trabajo y tiene recompensa, pero no todo el mundo está dispuesto a dedicarles el tiempo necesario.

A este diablillo lo trajo a casa Ana de la asociación Degats. Antes habíamos hablado por Facebook y  correo, además de rellenar el cuestionario de adopción. Pueden parecer muchos pasos, pero la realidad es que por muy guapo que sea el gato, al cabo de un tiempo mucha gente lo vuelve a abandonar porque no se adapta o porque no es lo que pensaba.

Lemmy resultó ser un caso de abandono típico, de los de “me vuelvo a mi país y no me lo puedo llevar”,  y si te lo llevas al veterinario ya no hace falta que lo vuelvas a traer, que en realidad el gato me molesta. Seguramente se portaba tan mal en su anterior casa como en la nuestra cuando llegó. Aunque nada mas entrar por la puerta se tiró al suelo a hacer croquetas, mientras Birkin se ponía nervioso en una habitación encerrado, después resultó ser un incordio. Se había acostumbrado a portarse mal como forma de recibir atención.

Dalí, como le llaron, era un gato naranja precioso, que se haría mucho mas grande en pocos meses, al que no le habían hecho nada de caso. Aquí ha aprendido que no necesita ser la encarnación del demonio para tener atención, aunque sigue siendo un rebelde. Los primeros meses fueron un infierno porque  no nos dejaba dormir. Con Birkin se peleaba a todas horas y nos encontrábamos mechones de pelo naranja por toda la casa. Descubrimos que NUNCA le habían cepillado, que respondía a su nombre antiguo, que tenía unas extrañas faltas de pelo en las patas, seguramente de heridas profundas.

Pero tuvimos paciencia y ahora, casi un año mas tarde, es un gato nervioso pero normal, compañero de juegos de Birkin. Una bola de pelos naranja enorme que se deja abrazar y nos deja dormir, aunque le gusta esconderse y acecharnos, jugando.

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12 abril, 2012

Mi lista de cumpleaños

El 22 de abril cumplo 33 años y como empieza a ser habitual, hago una lista de lo que me gustaría tener en mis manos, aunque normalmente no recibo muchos regalos.

Actualizo la entrada con otras cosas que me harían muy feliz, después del alud de críticas.

La categoría Fanzines/ Comics/ Libros se rige por lo siguiente:

- Comics, preferentemente Sin City, que la tengo a medias, o cualquier Fanzine actual que os guste a vosotros.

- Es imposible que no me guste un libro de arte, fotografía o diseño. Un libro, en general, siempre será bienvenido a esta casa.

- Literatura, o cine en VOSE, ya sea china, coreana o japonesa. Estudio una licenciatura de humanidades que se centra en Asia Oriental, así que lo mismo me gusta un ensayo sobre budismo que una peli de los 70 de artes marciales. Una edición maja y bilingüe de poesía de cualquier autor clásico chino me hará saltar las lágrimas.

Para saber qué no tengo hablar con R, o con Birkin. Aunque no lo parezca, mi gato sabe que hay en casa y contestará en Facebook vuestras dudas.

También me podéis regalar postales. Si las metéis en un sobre y me llega por correos para mi es la felicidad completa. Si os queréis gastar el mínimo, enviadme una postal. Por menos de dos euros regalo con sonrisa asegurada.

Algo en plan vintage siempre está bien. A parte de las cámaras y la ropa, hay mas cosillas vintage que me gustan. En el rastro y en los encantes a veces hay láminas antiguas o muñecas recortables. O unos moldes chulos para madalenas o bizcochos.

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14 marzo, 2012

Crossing postcards o las ganas de volver a la tinta y el papel

Cuando era adolescente tenía penpals, amigos por carta. Gente que a priori no conocías de nada, que vivían en otras ciudades, con la que te enviabas cartas y te explicabas la vida. Así me llegó por primera vez e impreso un manifiesto situacionista. De hecho, en el Tentaciones de El País había un apartado donde la gente se anunciaba para escribirse.

Pero llegó internet, el mIRC y los foros, y esos penpals empezaron a escribir correos electrónicos. Aunque de vez en cuando llegaba algún paquete fantástico con recopilatorios grabados en cintas de cassette, pegatinas, pósters y recuerdos que, aunque muchos se me han perdido, aún están en mi memoria.

Y de repente una amiga me explica que se intercambia postales con otra gente, que se escriben, que son postales bonitas, que vienen de otros países. Así que decidí apuntarme, y me han llegado ya dos. Ahora me va a tocar a mi ponerme a hacer alguna de mis postales hechas a mano, DIY, para compensar.

12 marzo, 2012

En ocasiones veo bares

Modernas de Barcelona

Barcelones

Agnès

Gafapastas & Modernas de Barcelona

En ocasiones quedo con bloggers. A veces sigues a una persona por twitter o por su blog y un día, en un evento, la desvirtualizas. En este caso, la desvirtualización de Laura de Modernas de Barcelona fue en el 080, a la vez que conocí a Iker del blog Gafapastas. La cola en la escalera de piedra, las fotos con la Holga roja y el despotricar sobre la organización de eventos en Barcelona une, definitivamente. A Agnès de Gafapasta la había visto fugazmente en dos ocasiones, de lejos en el 080 y en el concierto de Joan Colomo en el Barradas. Parece todo muy endogámino, ¿verdad? Así es Barcelona, el aire cosmopolita que se da la ciudad no quita que ciertos ámbitos sean tan minúsculos que al final todos nos conozcamos.

Así que Laura me dijo que si me apuntaba con ellos a la ruta vermutera de En ocasiones Veo Bares, y allí aparecí el sábado a las 12:30. A la media llegó Laura, y los Gafapastas fueron llegando a turnos. El último Ricardo, al que aún no conocía. Para entonces el responsable de la convocatoria ya nos había rescatado de la mesa para dos en la que Laura leía el Barcelonés de turno, Agnès ya se había quitado el abrigo para demostrarnos que llevaba vestido y Iker se daba cuenta que Bar Roble y Bar Roure eran la misma cosas.

Ellos se fueron al Bar Quimet y a mi me vinieron a buscar para comer, algo que en un bar de tapas y dada mi condición de vegana es prácticamente imposible. Son esos días en los que se hecha de menos un bar como el B12 de Girona, donde hasta el chorizo es vegetal.

5 marzo, 2012

Phenomena, regresión a la infancia

Aunque ya hace mucho tiempo que está en cartelera, este viernes fue la primera vez que asistí al Phenomena. Es posible que vuelva, sobretodo porque van a programar Grease, pero la experiencia fue agridulce.

No me gusta esperar. Esperar es algo que no llevo bien, así que hacer cola me pone nerviosa, irascible y de mala leche. Así que la cola que se forma para entrar al cine Urgell es algo que, aunque mucha gente lo pinte con tintes románticos, a mi me parece sin ninguna duda el punto a mejorar. El como creo que es cosa de la organización.

A favor tenemos un cine de verdad, de pantalla grande, con butacas anchas y espaciosas, con anfiteatro. Mi idea de cine es esta, y no una multisalas. Quizás para ver una película coreana subtitulada tenga sentido una sala pequeña, pero la obsesión por reducir y reducir los cines ha hecho que mucha gente vea mejor y mas grande la pantalla de su casa. El tema de encontrar sitio es menos complicado si eres un grupo de hasta 4 personas, un infierno si llegas justo y necesita de planificación militar en caso de ser mas de 10 personas. Nosotros vimos las películas en dos ubicaciones diferentes.

Cine Urgell

Cine Urgell

Una sesión doble de películas míticas no podía empezar mejor: cantando Movierecord.Y después, un montón de anuncios antiguos y de trailers de peliculas ochenteras y vintage. Y digo vintage porque alguna de ellas eran verdaderas reliquias.

Movirecord

anuncios

Trailers

La Princesa Prometida

As you wish

Andy es una goonie

Me sorprendió ver a gente haciendo fotos con flash con una compacta. El flash anula la luz que el proyector emite, que es lo que hace que en la pantalla aparezcan imágenes. En el intermedio pudimos salir a comprar comida, y pudimos entrar lo que quisimos, algo que se agradece enormemente porque se alarga hasta tarde. Aunque el tiempo nos pasó volando porque las dos películas son realmente cortas, nada que ver con la obsesión por alargar metraje sin sentido que sufrimos últimamente.

La sensación de ver esas películas en pantalla grande, poder aplaudir en los momentos míticos, algo que en Goonies era constante, poder incluso gritar o abuchear al malvado es realmente divertido. Estoy segura que en Grease se van a corear todas las canciones y puede acabar en una versión extraña de The Rocky Horror Picture Show, para mi la verdadera experiencia cinematográfica definitiva.

Si la Princesa Prometida tiene un momento álgido y una frase para la memoria es: “Hola. Soy Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”. Nunca antes la había escuchado en inglés, y es que se trata de cine en VOSE.

En Goonies hay demasiadas frases míticas, así que me quedo con Cindy Lauper cantando “Good enough” desde el televisor. Hay muchas versiones del vídeoclip, pero me quedo con esta:


Así que después de la tensión de la cola, las prisas y la incertidumbre de saber que iba a cenar, el resultado final fue muy positivo. Eso sí, no es nada recomendable para la gente que quiera ver la película de forma tranquila, es una sesión donde la gente come cualquier cosa, bebe desde agua a cerveza, grita, comenta y aplaude.

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