Realmente este carrete define perfectamente mis dos meses a medio camino entre Nederland y Hospitalet. Mucha confusión, poca nitidez, grano grueso y obsesión por los canales, los gatos y las bicicletas. Mi cámara de juguete va a estar apartada de circulación durante un largo tiempo. Ahora mismo necesito nitidez, claridad, precisión, me paso a la Olympus OM1.
Los holandeses no tienen vergüenza. Me refiero a que les da igual que la gente mire dentro de sus casas, porque en realidad casi nadie lo hace. Igual es que en España nos pasamos de cotillas, y si el vecino se deja la puerta abierta miramos dentro a ver como tiene la casa. Aquí las casas y los pisos a pie de calle, en los bajos, son habituales, y no suelen tener estores ni cortinas. Así que podemos ver los comedores y las cocinas, incluso alguna habitación. Y a los gatos que hay en las casas eso les va fenomenal: viven tranquilos dentro de pisos y tiendas pero atentos a lo que ocurre en la calle.
Este cachorro vive en un restaurante cerca de la estación y se entretiene solo.
Hay dos cosas realmente famosas en Utrecht: su catedral y Miffy. La catedral de Utrecht, Dom para los germánicos, es imponente. Lo mas curioso es, sin embargo, que le falta un ala de entera de su alzado en cruz. Un huracán se la llevó por delante, y por eso mismo la torre del reloj y el resto del edificio están separados.
Miffy, o Nijntje, es la conejita creada por Dick Bruna, dibujante y artista nacido en Utrecht. Miffy está por todas partes en Nederland, pero en Utrect su persencia es mucho mas no notoria. Por cierto, se ven pocas Hello Kitties por aquí.
Hacer fotos con un día gris de cielo cambiante fue todo un reto.
Cuando no es gris plomizo, el cielo por Zuid-Holland es fantástico. Como en las pinturas de Rembrandt, muchas veces podemos distinguir un azul intenso entre nubes blancas, algunas mas oscuras, y un color en estas entre polvo y dorado que he sido incapaz de fotografiar. hasta ahora.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn, Leyden, Holanda, 1606-1669.
No hay nada mejor para conocer un país que hacer cosas de maruja, de vida cotidiana. Entonces te das cuenta que las llaves de este país no son como las españolas. Si las puertas ya son de por sí poca cosa, madera y cristal en muchos casos, el cerrojo y la llave son de la Señorita Pepis.
- ¿Me da una llave del número 146? Es para mi madre, que tiene que cuidar al gato.
- Claro, un momento que la busco – dice el zapatero, que se aleja hacía el montón de llaves colgadas y ordenadas. – Serán 5 euros.